domingo, 20 de junio de 2010

Museo que nació en templo yorubá













Por Orlando Ruiz Ruiz

Cercano a los límites de Matanzas, en camino hacia Varadero, usted puede descubrir uno de los templos yorubás más completos de Cuba. A sólo 70 kilómetros de la capital, en el antiquísimo pueblo de Madruga, le ofrece su hechizo la vivienda de Fredesvinda Rosell, una auténtica casa de la Regla de Ochá.
Construida hace más de medio siglo por su esposo Rigoberto Rodríguez, quien aprendió en la juventud entre los esclavos los secretos de la adoración y las características y atributos de los dioses del panteón africano, la casa de Fredy –como todos le conocen en la región- cobró fama desde la cuarta década de la pasada centuria, por sus vistosas festividades a las que asistían conocidas figuras del mundo del espectáculo.
También ha sido visitada por millares de creyentes; pero lo más importante es que aquí se atesora una colección de atributos religiosos y altares como en pocos lugares dentro y fuera de Cuba. Las imágenes católicas se conjugan con los elementos africanos, en una muestra de integración cultural y de sincretismo que tiene su base en la mezcla étnica que enriqueció nuestro patrimonio.
Entorno apropiado para las presentaciones de los ya reconocidos festivales internacionales folclóricos, denominados Folkuba, y punto de atracción que ha hecho a personalidades de diversas partes del mundo acercarse al inmueble de Fredesvinda, ese templo está calificado como Museo Etnográfico de la Cultura Yorubá.



Su moradora prefiere ordenar las cosas a su gusto y seguirla considerando una casa de fundamento de la Regla de Ochá. Por eso, más que por ninguna otra razón, esta es la muestra religiosa más singular que atesora la región, y una rareza a nivel mundial, por la pureza y autenticidad que contiene.

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